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/ febrero 2017
Reebok

Tus manos cuentan tu historia: Miles de kilómetros de navegación, frío y dolor en las manos de Saúl Craviotto

El pasado verano, durante los Juegos Olímpicos de Río, las imágenes del piragüista Saúl Craviotto inundaron los medios de comunicación. En muchas de ellas, le vimos levantando la pala con aire triunfal, compañera inseparable de un piragüista. Aunque la más popular es un retrato donde con una mano sostiene una medalla olímpica y con la otra muestra cuatro dedos: el número de medallas olímpicas -dos oros, una plata y un bronce- que ha acumulado en su participación en las tres últimas olimpiadas. Saúl es un hombre expresivo, cuyas manos, además de ayudarle a conseguir esas medallas, apoyan con sus gestos todas las emociones que quiere transmitir. 

Craviotto cogió la pala cuando tenía 8 años. Primero compaginó el piragüismo con el kárate y el judo, pero la pasión por este deporte le pudo y acabó centrándose en la piragua. La pasión le venía de familia, su padre ya era piragüista y vivía este deporte con gran intensidad. El deporte, cuenta, “es mi vida y ha forjado mi personalidad”.

Entre los aprendizajes de esos años consagrados a la piragua “resaltaría que se puede conseguir casi cualquier cosa en la vida, con esfuerzo, sacrificio y compromiso”. Con ese tesón, Saúl ha conseguido uno de sus sueños: ganar cuatro medallas olímpicas. “Es una sensación inexplicable, por el hecho de hacer feliz no solo a los tuyos sino también a millones de personas de tu país”. Pese a esa responsabilidad, su familia más cercana es su fuente de apoyo y admiración: “Mi mujer, Celia, que me aguanta en los momentos de bajón; mi hija, Valentina, que es mi combustible para seguir entrenando cada día y, mi padre, claro, un espejo en el que mirarme.” 

Las manos de Saúl reflejan su esfuerzo y lucha. Es consciente de que son imprescindibles para su triunfo: “Las manos son las encargadas de agarrar la pala, con la que se aplica toda la fuerza de tu cuerpo en el agua. Cualquier resbalón, mal agarre, o falta de fuerza en las manos puede provocar que haya fuga de energía y el trabajo de un año se vaya al traste”. Todo eso puede suceder por un pequeño fallo en las manos. A simple vista, se puede comprobar que las manos de Craviotto cargan con esa responsabilidad: “Al cabo de la temporada tengo heridas, ampollas y golpes. Además del esfuerzo físico, tienen que aguantar humedad y temperaturas extremas”. 

La pasión por el deporte, eso sí, puede con todo: “El dolor y el frío se van en unos minutos. No podemos permitirnos dejar de entrenar”. Sus manos cuentan “a cámara rápida las miles de horas de entrenamiento, los miles de kilómetros que han podido navegar, los cientos de kilos que han podido levantar en el gimnasio, y me siento orgulloso del esfuerzo que hemos hecho juntos y del que nos queda por hacer”. 

Pese a todas esas fotografías sosteniendo orgulloso sus medallas, Saúl tiene un recuerdo vinculado a sus manos que es, para él, el más emotivo y que le cambió la vida: cuando cogió a su hija Valentina nada más nacer. “La sensación de cogerla en brazos por primera vez no se me olvidará jamás, es lo más importante que he sostenido con mis manos en mi vida”. Su rol de padre también da nuevas habilidades a sus manos que, entre entreno y entreno, ahora construyen puzzles, pintan o empujan en los columpios a su hija, a la que dedica todo el tiempo libre que tiene. 

Pero las manos de Saúl también sirven para ayudar a otros. Esas manos poderosas y endurecidas pronto ayudarán a llevar agua a un pequeño pueblo de Gambia, donde dentro de poco inaugurará un pozo construido por la asociación Asturias por África, con la que Saúl Craviotto lleva colaborando desde hace meses. Un gesto que todavía hace más grande a este campeón. 

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¿Qué historia cuentan tus manos?  

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